Concentración

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«A menudo ha descubierto en la vida, que si no puede concentrarse en su trabajo, no puede esperar grandes éxitos. Si los acróbatas y malabaristas que se ven en los circos no son capaces de concentrarse en el gesto más pequeño que hacen, ¿cuántas veces serían víctimas de accidentes? Cada trabajo que hacemos requiere una cierta concentración. Si no conocemos bien qué objeto, en qué problema o cómo concentrarnos, podemos perder nuestro equilibrio y terminar en situaciones catastróficas».[1]

Consideraciones introductorias

La concentración pertenece al dominio de la voluntad, es la base de todas las prácticas meditativas y también el elemento fundamental que nos permite realizar cualquier acción, incluso si la mayoría de nuestros movimientos se realizan mecánicamente. Por ejemplo, para mover una taza hay primero una concentración de pensamiento en el gesto que se va a realizar y, sólo después, la energía se lleva al brazo y la mano, de modo que la acción se puede llevar a cabo concretamente; este cambio de energía ya es, en sí mismo, una forma de concentración: cuando estamos relajados la energía se distribuye uniformemente por todo el cuerpo, mientras que cuando actuamos la energía se concentra en la parte que debe realizar la acción, así como cuando estudiamos la energía se concentra en el cerebro.

«En todas las circunstancias de la existencia, la concentración es una manifestación de la voluntad. Cuando desee escuchar música o una conferencia, concentre su atención en sus oídos. Cuando quiera leer, concéntrala en el ojo. Si quiere correr concentre toda su fuerza en las piernas. Si quiere saltar o lanzar un objeto, enfoque sus pensamientos en otra parte del cuerpo. Con base en las acciones que desee lograr, debe concentrar su fuerza en ciertas partes de su cuerpo. Toda la naturaleza funciona gracias a la concentración: concentración de energía, de materiales, de rayos, de ondas ... Por lo tanto, podemos representar la concentración como un conjunto de flechas dirigidas hacia el centro. La concentración es una acumulación de fuerzas o materiales en un centro, en un espacio, para formar y cristalizar algo. Es por eso que debemos enfocarnos si queremos ser capaces de realizar nuestras ideas en la vida».[2]

Por lo tanto, la concentración puede ser mecánica o voluntaria, y es indudable que los gestos que realiza normalmente una persona son principalmente mecánicos, es decir, no hay control pleno y consciente, son automatismos, mientras que la concentración a la que se refiere Omraam Mikhaël Aïvanhov es un acto de consciencia, es decir, el dominio de los gestos, las acciones y todos los movimientos internos, como los sentimientos y los pensamientos.

La capacidad de concentrarse durante un tiempo prolongado en un tema determinado, sin distracciones y sin dispersión, se considera como la base para acceder a estados de meditación más complejos y profundos. Aprender a concentrarse también significa aprender a dominar las propias emociones y pensamientos, ser capaz de controlarse en cada situación y ser consciente de todos los movimientos internos. Omraam Mikhaël Aïvanhov observa a este respecto:

« Ya sea meditar, contemplar o crear, es necesaria la concentración: este proceso no pertenece a una determinada facultad, sino que consiste en el hecho de enfocar las propias fuerzas en un preciso objeto y mantenerlo continuamente orientado en esa dirección. La meditación, la oración, la contemplación, la identificación, presuponen que se sea capaz de concentrarse. La concentración es indispensable a fín de que el trabajo sea eficaz; Un hombre que deja que la propia mente se distraiga, no realizará nada en la vida. No se puede creadores del propio futuro, mientras que se es débil, distraido, desconcentrado».[3]

La concentración se puede lograr de diferentes maneras, y entre los métodos más efectivos encontramos el movimiento consciente del cuerpo, la respiración consciente y la concentración del pensamiento en un sujeto. Sobre este último punto, Aïvanhov explica:

«En primer lugar, eche un vistazo al interior y vea en qué estado se encuentra. Luego, lenta, gentilmente, lleve la idea al tema en el que quiere enfocarse. Siendo muy cuidadoso, aumente la concentración lentamente. Después de unos diez minutos, la idea está bien dispuesta y obedece. [...] La cuestión de la concentración se refiere únicamente a un fenómeno mecánico. Ahora todo lo que importa es que pueda obtener buenos o malos resultados. Concentrarse, por sí mismo, no significa nada. El punto es saber cómo concentrarse para obtener buenos resultados. ¿Por qué algunas personas se concentran sin éxito? Porque enfocan su pensamiento sólo físicamente. Pensar no es suficiente; si tiene un pensamiento e insiste en él, con el pensamiento, esto no funcionará, porque si no hay una verdadera atracción, si no le gusta, pensar en este tema será algo desagradable. Si no piensa en ese tema con amor, la concentración no conducirá a nada. Si queremos tener buenos resultados con nuestras concentraciones debemos tener amor en nuestros pensamientos».[4]

Por lo tanto, uno entra en un estado de concentración de una manera delicada, suave, sin forzar la mente, escucharse a sí mismo, sin juicios o evaluaciones, y sin esperar resultados inmediatos; estos ejercicios dan fruto si es constante: la práctica diaria es esencial.

«Trabaje en la concentración, todos los días, y con esta poderosa arma superará todas las dificultades, los enemigos internos y externos. Cuando te enfocas en una idea, en una virtud, en una entidad o en cualquier imagen positiva y magnífica, esto altera todas las negatividades que hay en nosotros. Pero si lo hace de forma desordenada y distraída, no obtendrá ningún resultado, incluso después de muchos años. Muchos hermanos y hermanas me dicen que tienen grandes dificultades para concentrarse. Tal vez es lo más difícil, pero es el arma que el mundo inferior teme más; ante aquel que ha desarrollado el poder de concentración, los espíritus negativos tienen miedo; nada puede resistir al discípulo que se ha vuelto poderoso y fuerte con la concentración, ya que puede proyectar toda su fuerza sobre aquellos que lo atormentan, obligándolos a capitular y desaparecer. Para el discípulo, nada es más importante que la concentración. Es el arma más poderosa, que debe usarse día y noche, sin detenerse. Sin concentración, se pierde».[5]

Bibliografía

Obras y/o conferencias de Omraam Mikhaël Aïvanhov sobre el tema tratado

Monografías o artículos sobre el tema tratado, en relación con la enseñanza de Omraam Mikhaël Aïvanhov

  • Centro Studi Omraam Mikhaël Aïvanhov (2016), La Meditazione nell’Insegnamento di Omraam Mikhaël Aïvanhov, in "Misli", pp. 128 e ss.

Multimedia (imágenes, audio, video)

Extractos de conferencias de Omraam Mikhaël Aïvanhov (audio y/o video)

Conferencias de Omraam Mikhaël Aïvanhov (audio y/o video) publicadas

Notas

  1. Aïvanhov, O. M., Conferenza inedita del 1 maggio 1941.
  2. Aïvanhov, O. M., Conferencia inédita del 1 de Mayo de 1941.
  3. Aïvanhov, O. M., La nueva religión: Solar y universal I, Prosveta, 2009, pag. 55.
  4. Aïvanhov, O. M., Conferencia inédita del 1 de mayo de 1941.
  5. Aïvanhov, O. M., Conferencia inédita del 3 de abril de 1945.

Véase también

Enlaces externos



Advertencia para el lector: la redacción de este artículo, provisional y ejemplificativa, es sólo un punto de partida, ya que el argumento ha sido tratado por Omraam Mikhaël Aïvanhov en el ambito de miles de conferencias de él dadas entre el 1938 y el 1985. El investigador encontrará importantes aspectos de nuevo interés leyendo o escuchando directamente sus conferencias, editadas por la "editorial Prosveta", única y exclusiva titular de los derechos de su obra. Por lo tanto, este artículo no expresa de modo completo y exhaustivo el pensamiento de Omraam Mikhaël Aïvanhov sobre el argumento.


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